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Cuarto domingo de Adviento

Por Sergio Pérez de Arce ss.cc.

2 Sam 7, 1-5. 8-12. 14. 16; Rom 16, 25-27; Lc 1, 26-38

El cuarto domingo de Adviento de este año será algo extraño, porque prácticamente se junta con la celebración de la Navidad, que la misma noche del 24 tiene su celebración principal en la Misa de Nochebuena.

Esto, que en algún sentido podría parecer una pérdida para el adviento, que se queda sin su cuarta semana, nos revela uno de los rasgos más hermosos de este tiempo litúrgico. Porque en el adviento no solo esperamos a un Dios que vendrá, sino a Dios que está viniendo siempre a nosotros, al Dios-con-nosotros que comparte nuestra historia y nuestra vida cada día. Adviento-Navidad-Epifanía son como facetas distintas y relacionadas del único y gran regalo de la venida, nacimiento y manifestación a la humanidad de nuestro Amigo y Señor Jesucristo.

En las lecturas de este domingo queda en evidencia el carácter gratuito que tiene la venida del Señor, que es puro don de la misericordia del Padre.

El Señor le dice a David, a través del profeta Natán, que es Él quien le ha dado la paz, el que lo ha librado de sus enemigos, y el que le hará una casa, es decir, quien asegurará su reino para siempre. No es David quien le hará una casa a Dios, sino Dios el que actúa en favor del rey. Siempre es primero el amor de Dios, el don.

El relato de la Anunciación nos recuerda, por su parte, que Jesús es obra del Espíritu Santo que desciende sobre María y actúa en ella. Si Jesús no nace por la unión carnal de María y José, no es porque tenga una objeción con la sexualidad humana, como tantas veces se ha creído, sino porque el Hijo de Dios es pura misericordia gratuita e incondicional en favor de la humanidad.

Por eso en el salmo responsorial de este día proclamamos “cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones”. Es el amor de Dios lo que explica el misterio de la encarnación.

¿Creemos esto de verdad? ¿Qué Jesús viene a nosotros gratuita e inmerecidamente? ¿O creemos que Jesús viene a nosotros solo cuando cumplimos ciertos requisitos y hacemos determinados méritos?

JESÚS ES EL REGALO de la Navidad. No se compra, no nos deja adeudados, no es un derecho ni menos una costumbre rutinaria. Es el gran DON que el Padre nos da porque Él es misericordioso y fiel.

¿Cómo disponerse y recibir tan gran regalo? Con la actitud de María, la figura central de este este cuarto domingo: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.

¡Feliz Navidad para todos!

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