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Dios mío: ¿Quién eres?

Pablo Fontaine ss.cc.

Pregunta que no requiere ser respondida. Es solo la expresión de gozoso asombro ante Tu Grandeza.

Eres la Fuente de todo el ser, de la totalidad; el Origen primordial de lo que existe. Con tu Ser, abarcas todo. Nosotros hemos brotado de Ti y existimos en TI, sin ser Dios. No hay un “lugar“ en el cual no estés Tú, ni algo que haya existido antes que Tú.

Eres el Todo, el que siempre fue, es y será.

Dice San Juan de la Cruz:

Aquella eterna fonte está escondida
Que bien sé yo do tiene su manida,
Aunque es de noche.
Su origen no lo sé, pues no le tiene,
Mas sé que todo origen de ella viene.
Aunque es de noche.
El corriente que nace de esta fuente,
Bien sé que es tan capaz y omnipotente,
Aunque es de noche.
El corriente que de estas dos procede
Sé que ninguna de ellas le precede.
Aunque es de noche.

Como eres Amor y Felicidad, ese Amor y esa Felicidad constituyen la Fuente de todo lo que es. Cuando nos toca rozar algo de amor y de felicidad, estamos levantando levemente el velo que te cubre.

Jesús, en su vida mortal oraba. Es decir abría su corazón humano a tu Luz. Se comunicaba contigo, su Padre, movido por el Espíritu. Hay místicos que, iluminados por Ti, te han escuchado y te han respondido maravillados. Con mayor razón Jesús ha debido experimentarte, como un místico. Si no podemos imaginar tal experiencia y ni siquiera los mismos místicos han podido expresarla cabalmente, nos preguntamos ¿cómo habrá sido ese diálogo de Jesús con su Padre? ¡Qué torrente de vida, qué música, qué tempestad. A veces el abismo, otras, la ternura, como cuando hablan dos personas que se aman mucho!

Nosotros llamados a transitar por las huellas de Jesús, adoramos desde nuestras pequeñas existencias el mismo Océano de Luz. Y nos conmovemos ante tu Misterio. Caminamos tranquilamente por el mundo a menudo sin pensar que tu Vida será la nuestra. Tampoco nos damos el silencio que nos permitiría escuchar interiormente tu Voz. Tal vez pensamos poco en ello, porque sabemos que antes debemos beber el cáliz de la muerte. Pero no deberíamos olvidar ese hecho enorme que es la Vida Eterna. Hasta el último minuto de nuestra vida terrestre caminamos en el tiempo; entre pasado y futuro, entre risa y llanto, entre duda y esperanza. El hecho es que pasada esa frontera, nos hallaremos en el Océano de la Felicidad. En algo inimaginable pero que no es una fantasía ni algo marginal en el mensaje de Jesús. Está en el corazón de su Buena Noticia, por lo tanto de nuestra fe.

Dice un cristiano de los primeros tiempos en la llamada Carta a los Hebreos que Dios hizo un juramento a Abraham para que nosotros “nos veamos firmemente impulsados a adherirnos a la esperanza que se nos propone; esperanza a la que nos aferramos como ancla segura y firme para nuestra vida, y que penetra hasta el interior del santuario, adonde ya ha entrado Jesús como precursor nuestro…” (Hebreos 6, 18-20).

Con esa Promesa y ese Juramento Tú, oh Dios, no puedes engañarte ni permitir que seamos engañados. La Esperanza es el ancla que nos afirma a ese Futuro de Felicidad anticipado por Jesús con su Resurrección. Allí, al amanecer de Tu Luz, se nos revelará plenamente el Misterio de nuestra existencia.

Mientras caminamos así, nos duele el pecado que está dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Jesús nos llama a no tener tristeza ni temor. El pecado es una pesada y oscura nube que impregna el Universo, pero Dios la disipa con su Misericordia, como un sol. Sol que es perdón verdadero, que nos penetra y nos enciende de gratitud y alegría. Cuando sentimos este renacimiento de nuestras vidas por el perdón, más aumenta el asombro conmovido ante tu modo de ser y el gozo por lo que obras en nosotros.

A veces, Dios mío, te nombramos y nos referimos a Ti como si fueras alguno más de nuestro mundo. Con razón podemos hacerlo de Jesús. Pero también él, que se nos ha mostrado con hambre y con sed, herido, insultado y muerto, también él lleva tu Resplandor Infinito dentro de su corazón desgarrado.

Y tenemos muy presente que también en todos los seres humanos, nuestros hermanos que peregrinan con nosotros, sin distinción alguna, hay un reflejo de Ti como en mil espejos de tu Rostro.

¿Quién eres Tú, Señor, que así llegas a nuestras vidas limitadas y las encaminas al Infinito por un sendero de esperanza?