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2012: La maravilla del fin del mundo

 

Creer que el mundo se acaba el 2012, porque así habría sido predicho con precisión de año, mes y día, es simplemente una estupidez.

Al contrario, reflexionar sobre el fin del mundo no lo es.

El fin del mundo, en términos teológicos, no es simplemente la destrucción de todo, la desaparición de todos y de todo, con el dolor y la angustia que eso conlleva (si es que se alcanza a sentir dolor y angustia). El fin del mundo y la idea de fin de la vida, de la historia son importantes.

¿Se imaginan una vida que no termina? ¿Una vida en que los años se suceden si límite? Nos preguntarían:
-¿Qué edad tienes?
- “220”.
-“Qué bien conservado estás, yo te echaba unos 190”.

Probablemente una vida así terminaría matándonos de tedio. Aquellos que buscan la fuente de la eterna juventud, deben ser conscientes de que pueden estar buscando aquello que podría llevar a la humanidad a la autodestrucción.

El hecho de que la vida tiene un fin, le da al tiempo presente una cualidad única. El tiempo limitado que vivimos adquiere una densidad particular: solo tengo este tiempo para vivir, solo tengo esta juventud, solo tengo este tiempo con mis hijos. No tenemos otra oportunidad, pues no creemos en la reencarnación. Por tanto hay que tomar el tiempo presente realmente en serio. El tiempo que vivimos no es algo que podamos controlar y, por eso decimos que la vida es un don, puro regalo, pura gratuidad.

Por otro lado la idea de fin tiene que ver con plenificación, consumación y no solo con término. Cuando a las doce de la noche del 31 de diciembre nos abracemos y nos digamos: “Feliz año nuevo”, estaremos expresando ese anhelo de plenitud que llevamos todos en lo más íntimo de nuestro ser. Puede que este año lo hayamos pasado pésimo, sin embargo, volvemos a tener esperanza, volvemos a creer que es posible más: más alegría, más paz, más plenitud. En este “más” está la huella que Dios ha dejado en nosotros y que nos hace creer que es posible la paz, la alegría, la convivencia, la felicidad verdadera. En ese sentido, decir que el mundo camina a un fin es creer que, de un modo misterioso, camina hacia una plenitud y nosotros con él.
Por tanto no se nos está permitida la pasividad, el puro relajo, el dejar todo para después. Somos llamados a la responsabilidad, a hacernos cargo de nuestra vida y la vida de los otros; más todavía, a hacernos cargo de la vida del mundo. Pero, no debemos asumir esta responsabilidad como una especie de yugo, de peso sobre los hombros, sino desde la gratuidad, desde la esperanza y la más profunda alegría.

¡Les deseo a todos un feliz 2012! (¿Y…si este fuera mi último saludo de año nuevo?¿Y…si los mayas tienen razón? ¿Y…si el mundo se acaba el 21/12/2012? ¡¡¡Maaaamáááá!!!)

 

 

Alex Vigueras,ss.cc.

 

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