DOMINGO 4°
La autoridad de Jesús
Marcos 1, 21-28
El evangelio de este domingo afirma que la gente se asombraba de la enseñanza de Jesús “porque les enseñaba con autoridad”; y repetían: “es una enseñanza nueva, con autoridad”. ¿Qué significa esta autoridad de Jesús que hacía de su enseñanza algo tan diferente de la que ejercían los letrados en la sinagoga? ¿En qué consiste esa autoridad?
Rápidamente los contemporáneos de Jesús se fueron dando cuenta de que Jesús les presentaba “otra” imagen de Dios: la del Dios cercano, de una paternidad comprensiva y compasiva, desbordante y desproporcionada para regalar misericordia, de evidente preferencia por los pequeños y los sufrientes, con un interés conmovedor por la persona humana. Un Dios que escapaba de los estrechos márgenes en que lo había puesto la religiosidad judía en tiempos de Jesús. A partir de la lectura del Deuteronomio del mismo día de hoy, podemos decir que Jesús viene a ser aquel profeta de quien el Señor ha dicho “pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande”.
La gente habrá hecho la comparación entre el Dios que les muestra Jesús y el Dios que le muestran los letrados y habrá sacado sus conclusiones: Jesús enseña de otra manera, más convincente, corroborando además sus dichos con sus hechos en su cercanía y compromiso con los pobres. Se trata de algo nuevo, no visto hasta ahora, es otra autoridad, una autoridad moral reconocida en la coherencia de la presencia de Jesús en el nombre del verdadero Dios.
Quienes queramos seguir a Jesús hoy día, no podemos aspirar a otra manera de ser sus testigos. Urge revisar nuestra manera de pensar y de sentir, como las actitudes que de ello se desprenden. ¿Cómo vivir cristianamente con la misma autoridad con que lo hizo Jesús? ¿Cómo recuperarla si la hemos perdido? Es la tarea de cada día para cada creyente, para la Iglesia en su conjunto tan afectada hoy día por la falta de credibilidad, por la pérdida de autoridad.
Enrique Moreno, ss.cc.
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