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La abuela Magdalena

Por Alex Vigueras ss.cc.

Cuando llevaba a Anita a su casa me contó que se había encontrado con Magdalena. Fue mientras descansaba entre cueca y cueca en el Club Victoria. Con los ojos llorosos le contó que su hija le había dejado a sus dos mellizos: apenas nacieron se fue con su pareja a Europa, dejando a Matías y Pablo en Chile. Desde ese día Magdalena no sabe nada de su hija. Nunca más la llamó, nunca le escribió, nunca quiso saber de sus hijos.

Magdalena se cansa a veces de tanto preocuparse de los nietos, otras veces llora por la nostalgia de la hija, otras, le vuelve la rabia cuando piensa en el abandono de Pablo y Matías.

Y así, entre la rabia y la ternura, entre las cuecas y el llanto sus nietos crecen acompañados, amados, a pesar de todo.