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La fuerza de un relato

Por Alex Vigueras ss.cc.
Superior Provincial

En estos tiempos previos a las elecciones presidenciales los candidatos y sus equipos estarán dedicados a encontrar un relato que le dé fuerza y sentido a sus campañas y al proyecto político que cada candidatura supone.

Seguramente tienen trabajando a tiempo completo a economistas, sicólogos, especialistas en marketing, opinólogos; seguramente estarán analizando estadísticas, estudiando los últimos libros de sociología, para ver qué es lo que este momento concreto el país necesita, qué es lo que podría entusiasmar a la gente.

Ellos saben que las puras soluciones concretas no bastan, que el pragmatismo puro no entusiasma. Necesitan un relato dador de sentido, motivador, inspirador.

En poco tiempo más intentarán seducirnos con “el cambio que necesitamos”, que “ahora sí que sí mi gobierno no será corrupto”, que “hay que derrocar a la vieja política”, que nos “nos arrodillaremos ante el poder del empresariado”, etcétera, etcétera.

Por eso en estos días previos a la semana santa pensaba: “¡Qué potente es el relato de los cristianos!”. Ese relato que nos cuenta la historia de Jesús de Nazaret, el hombre en el que se manifestó el amor poderoso de Dios, que murió por nosotros, por nuestra salvación. Y eso para que todos tengamos vida en abundancia. Ese Jesús que sigue presente en su Espíritu fortaleciéndonos, levantándonos, acompañándonos en los avatares de la vida”.

En efecto, desde el domingo de Ramos al domingo de Pascua, contemplaremos el momento crucial de la vida de Jesús, desde su entrada triunfal a Jerusalén a su resurrección por el poder de Dios. Pero no solo recordaremos un hecho del pasado. Volveremos a revivir la pasión y muerte de Jesús para dejarnos tocar y convertir por la profundidad de su amor, por lo inaudito de su confianza.

En el relato de estos días escucharemos de aclamaciones y traiciones, de gestos de amor y humillaciones. Nos aproximaremos a lo más alto y lo más rastrero. Y debe ser así para que nos demos cuenta que Dios ha querido salvar esta, nuestra vida, y no otra. Sí, esta vida de la cual tantas veces despotricamos, pero que logramos vivir con sentido porque ese relato del Dios que nos amó hasta el extremo en Jesús ya nos ha tocado el alma.

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