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+ Ronaldo Muñoz Gibbs
7 de Marzo 1933 – 15 de diciembre de 2009
Ronaldo Patricio Muñoz Gibbs nació en Santiago, el 7 de marzo de 1933. Sus padres fueron Rodolfo Muñoz y Rosa Gibbs, quienes en su matrimonio tuvieron dos hijos: Ronaldo y Hugo. Fue bautizado en la parroquia San Ramón, en Santiago, el 2 de abril de 1938.
Realizó sus estudios básicos y medios en el Colegio de los SS.CC. – Alameda, en Santiago. Después de estudiar arquitectura en la Universidad Católica durante los años 1951-1953, ingresó al Noviciado de la Congregación (Los Perales) en 1954, profesando sus primeros votos religiosos el 27 de marzo de 1955. El 13 de abril de 1958 profesó sus votos perpetuos, y el 23 de julio de 1961 fue ordenado presbítero en Los Perales, por Mons. Teodoro Eugenín ss.cc.
Recién ordenado sacerdote, viajó a Italia en septiembre de 1961, para completar sus estudios de teología, obteniendo el grado de licenciado en 1962, en la Universidad Gregoriana. En el Instituto Católico de París, en 1963, obtuvo la habilitación para el doctorado. De vuelta en Chile, a contar de 1964 fue profesor de teología en el Escolasticado de la Congregación (Los Perales) y, desde 1966, en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica. En 1970 regresó a Europa, para hacer estudios en la Universidad de Regensburg, Alemania, obteniendo en 1972 el grado de doctor en teología. A su regreso en 1972, se integró al servicio pastoral de la parroquia San Pedro y San Pablo (La Granja, Santiago) y retomó su labor como profesor en la Universidad Católica. En esta institución enseñó hasta 1980, año en que fue excluido de la planta de profesores. Fue también miembro del equipo teológico de la CLAR (1965-1980) y participó como asesor de obispos en la Conferencia de Puebla (1978).
En el período 1981-1997 continuó viviendo en comunidades religiosas de la Congregación en la comuna de La Granja, colaborando en la Parroquia San Pedro y San Pablo, la Escuela Casa Azul y ejerciendo su ministerio teológico en la Iglesia chilena y latinoamericana. Entre 1982 y 1994 fue director de la revista Pastoral Popular, participó por varios años en el Centro Ecuménico Diego de Medellín y en 1986 y 1997 fue profesor en el Instituto Teológico Alfonsiano, de los religiosos Redentoristas.
Durante los años 1998-2004, se integró a la comunidad ss.cc. de Río Bueno y la atención de la Parroquia Inmaculada Concepción, acompañando más directamente a algunas CEB de la ciudad y el campo. Pronto se vinculó al Instituto de Teología de la Universidad Católica de Temuco, donde dictó clases. A partir de su presencia en el sur del país, se contactó con otros teólogos y ayudó a formar una “comunidad teológica-pastoral” que estableció lazos con teólogos y agentes pastorales del sur de Argentina.
En el 2005 volvió a Santiago, integrándose a la comunidad y presencia apostólica ss.cc. en la comuna de Lo Espejo, en las poblaciones Las Turbinas y Nueva Lo Espejo. Continuó desarrollando su ministerio teológico en el Decanato Lo Espejo y otros espacios de la Iglesia y la sociedad.
En mayo de 2008, se le diagnosticó un cáncer a la vejiga bastante avanzado, que exigió la extirpación de dicho órgano y tratamiento consecuente de quimioterapia. A mediados de este año 2009, su salud se debilitó significativamente, debido a metástasis presentes en el pulmón y columna vertebral. Radicado desde hace meses en la casa provincial, falleció el martes 15 de diciembre, a las 16.50 hrs.
Sus funerales se realizaron el 17 de diciembre, en la Parroquia San Pedro y San Pablo. Una numerosa asamblea lo acompañó y despidió en la eucaristía y en las horas previas del velatorio. Pobladores, religiosos, religiosas, sacerdotes y otras personas del mundo social y eclesial expresaron en estos días su gratitud y admiración por este hermano, destacándose especialmente su sencillez y consecuencia. Sus restos reposan en la cripta de la Congregación en el Cementerio Católico de Santiago.
Su ministerio teológico
No hay duda que el ministerio teológico ocupó en Ronaldo un lugar significativo. Le gustaba llamarlo “ministerio”, porque lo entendía como un servicio a la Iglesia. Servicio que en él tomaba matices muy nítidos de compromiso junto a los pobres, por el lugar social desde el cual desarrolló su misión. Fue común durante un tiempo que se autonombrara como “teólogo de población marginal”.
Además de la docencia en universidades y centros teológicos, realizó mucha actividad de divulgación y de formación en comunidades de base. En toda esta actividad, sea en la universidad o en una población, se preparaba con prolijidad y se entregaba con pasión.
Escribió bastantes artículos y libros, publicados en Chile y en el extranjero. Entre ellos: Nueva Conciencia de la Iglesia en América Latina (Santiago, Salamanca, Petrópolis, 1973); Evangelio y Liberación en América Latina. La Teología Pastoral de Puebla (Bogotá, 1980); La Iglesia en el Pueblo: Hacia una Eclesiología Latinoamericana (Lima, Petrópolis, 1983); Pueblo, Comunidad, Evangelio. Escritos Eclesiológicos (Santiago 1994); Ser Iglesia de Jesús en Poblaciones y Campos. Eclesiología de Base (Santiago 2002); Nueva Conciencia Cristiana en un mundo globalizado (Santiago, 2009). Su obra más divulgada, Dios de los Cristianos, tiene traducciones en portugués, inglés, francés, italiano y alemán (Santiago, Petrópolis, Düsseldorf, Assisi, New York, París, 1987-90).
Como teólogo inscrito en la corriente de la teología de la liberación, Ronaldo vivió bajo el manto de sospecha, tan propia de algunos obispos y organismos de la Curia vaticana, de estar al límite de la ortodoxia.
Un acontecimiento es esta línea fue su exclusión de la planta de profesores en la Facultad de Teología de la Universidad Católica, en 1980. Los hechos se remontan a 1976, cuando la Sagrada Congregación para la Educación Católica, presidida por el Cardenal Garrone, no le concedió el “nihil obstat” por hallarse en publicaciones suyas “aspetti dottrinali che lasciano perplessi” y otras informaciones no precisadas. Con esta negativa, perdió el nombramiento de profesor asociado que le había concedido el Cardenal Silva Henríquez. La Facultad pidió entonces para Ronaldo el nombramiento de profesor auxiliar, pero ese nombramiento nunca llegó. Ante las insistencias del propio Ronaldo, el Cardenal Garrone le contestó que, pese a “sus esfuerzos sinceros y leales”, la Sagrada Congregación no había podido superar “toda reserva importante”. Ronaldo pudo seguir haciendo clases algunos años, porque el Pro-Gran Canciller de la UC, en ese tiempo Mons. Jorge Medina, podía conceder la misión canónica para enseñar dentro de categorías para las cuales no era requisito el nihil obstat vaticano. Pero en 1980 el Pro-Gran Canciller no volvió a concederle la misión canónica.
Otro momento en que Ronaldo y otros teólogos se vieron envueltos en la sospecha, fue a propósito de la publicación de la Instrucción de la Sagrada Congregación de la Fe, sobre Algunos Aspectos de la teología de la liberación (Libertatis Nuntius), dada a conocer en agosto de 1984. Sectores de Iglesia y medios de comunicación local conservadores fueron muy descalificadores del movimiento teológico-pastoral asociado a la teología de la liberación. Ronaldo vivió esto con dolor, lo que expresó entre otros al Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Bernardino Piñera: “Soy consciente que como católicos que presumimos de cultos y teólogos, debemos ser capaces de reconocer la autoridad de los documentos de la Iglesia –en el nivel magisterial de cada uno- por encima de sus inevitables condicionamientos históricos e ideológicos. En el caso de nuestra teología latinoamericana actual, soy consciente también de que nos queda mucho que profundizar, que explicar mejor y también que corregir… Pero lo que nos ha sucedido a mi y a muchos colegas, es que lo que honestamente leemos en la “Instrucción” no es una ayuda para evitar peligros, clarificar y corregir, sino una descalificación global de todo nuestro esfuerzo teológico, presentado como radical y sistemáticamente pervertido…” (carta a Mons. Piñera, 3 septiembre de 1985)
Más allá de estos y otros sinsabores, Ronaldo mantuvo una activa participación eclesial, desde una crítica leal a la institución y a través de un servicio teológico fructífero concretado en charlas, cursos, asesorías, escritos, etc., que buscaron siempre una síntesis entre su formación sistemática teológico-bíblica y su experiencia vital junto a comunidades cristianas entre los pobres.
Vale la pena citar aquí el prólogo de Mons. Bernardino Piñera, en ese entonces obispo de Temuco, al libro “Nueva Conciencia de la Iglesia en América Latina”, donde refiriéndose al autor expresa: “Ronaldo Muñoz es teólogo, es decir dedica su vida a pensar en las cosas de Dios. Busca a Dios preferentemente entre los hombres; va rastreando sus huellas, no sólo en los libros y en las revistas, sino en los barrios obreros, en las reuniones estudiantiles, en medio del rumor de la vida o de la violencia política. Piensa, a medida que vive de acuerdo con lo que va pensando, con una sencillez tensa, una autenticidad angustiada que denotan, a la vez, lo difícil de su intento y el total compromiso con la tarea” (septiembre 1972).
Testimonio de vida y religioso ss.cc.
Como ya se ha expresado, Ronaldo unió a su tarea teológica un rico testimonio de vida. Ante todo, un compromiso con los más pobres y una vida pobre, austera y recia, actitudes radicadas en profundas motivaciones religiosas y en cariño auténtico a las personas. De carácter afable, manifestó su amistad incondicional a los que Dios fue poniendo en su camino. Apasionado por el Reino y el Dios de Jesús, puso su inteligencia y su vida al servicio de esa causa.
Ronaldo fue también activo participante en la vida de la Congregación, tanto en las comunidades locales en las que vivió como en las instancias provinciales. Su sentido crítico y su búsqueda de radicalidad también las expresó al interior de la comunidad provincial. Aportó mucho en la reflexión y el caminar de la Congregación en Chile, aunque algunas veces nos incomodara o no estuviéramos de acuerdo con él en algún matiz. Con su estilo meticuloso y detallista, más de alguna vez nos alargó una reunión o un proceso de decisión. Pero siempre fue hermano cariñoso, consecuente, compañero en el camino de búsqueda de los caminos del Señor y estímulo profético – a veces bien punzante– para reemprender cada día el servicio a los pequeños.
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