In memoriam
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† P. Jorge Prieto Vial ss.cc.
19 noviembre 1920 — 16 abril 2005

El Padre Jorge nació en Santiago, el 19 de noviembre de 1920, del matrimonio formado por don Jenaro Prieto Letelier y doña Elvira Vial Infante; entre los menores de una familia de seis hermanos. El 21 de noviembre fue bautizado en la Parroquia de Santa Ana, recibiendo el nombre bautismal de «Guillermo Jaime de los Sagrados Corazones».

Efectuó sus estudios básicos y medios en el Colegio de los Sagrados Corazones de Santiago, Alameda, entre los años 1928 y 1938. Terminado el colegio efectuó un año de estudios de arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile. A comienzos de 1940 ingresó a la casa de formación de la Congregación situada en Los Perales. Inició el noviciado con la toma del hábito religioso el 3 de marzo de 1940, en Valparaíso. En este momento asume el nombre religioso de «Jorge». Luego de un año de noviciado bajo la dirección del P. Miguel Luis Bisschop, efectuó su primera profesión religiosa el 9 de marzo de 1941, en Los Perales. El 12 de marzo de 1944 efectuó su profesión perpetua, en Valparaíso. Después de realizar sus estudios filosófico-teológicos en Los Perales, recibió la ordenación presbiteral en Valparaíso, el 21 de septiembre de 1946, de manos de Mons. Rafael Lira Infante, Obispo de Valparaíso.

Ya ordenado recibe una amplia gama de responsabilidades apostólicas. En 1947 permanece en Los Perales, como ecónomo de la casa. En 1948 es destinado a Viña del Mar, como profesor. Desde 1949 a 1961 está destinado al Colegio SS.CC. de Santiago; allí actúa como profesor, acompañante espiritual de los alumnos, asesor de Acción Católica y, de modo especial en los años finales, asesor de las «Comunidades Seculares de los SS.CC.». Estando en Santiago, el 29 de mayo de 1953 sufre un grave accidente automovilístico, en cual fallecen el P. Marcelo Asenjo y el alumno del colegio John Low Gundelach, y él mismo – único sobreviviente – queda gravemente herido. Los años 1962 y 1963 vive en la Casa Provincial en Santiago, dedicado de lleno a las Comunidades Seculares y a la «Gran Misión» que se lleva a cabo en Santiago. El año 1964 es nombrado Superior de Valparaíso, donde trabaja en el Colegio y en las Comunidades Seculares de la zona. Entre los años 1965 y 1967 es Vicario Provincial del P. Diego Silva.

En 1968 es trasladado nuevamente a Santiago, a la recién fundada comunidad de Condell 675, continuando el trabajo de asesoría a las Comunidades Seculares; permanece allí hasta 1970. Durante estos años es también Consejero Provincial, en el marco de una Provincia que comienza a buscar un nuevo estilo de vida en comunidades más fraternas y pequeñas. Jorge se compromete activamente en esta búsqueda. En 1971 asume como Ecónomo Provincial, cargo que desempeña hasta 1979. Los años 1971 y 1972 alterna su trabajo como ecónomo con la nueva comunidad de calle Yungay 315, en el sector de la Parroquia San Pedro y San Pablo; en estos años se desempeña a medio tiempo como sacerdote obrero en un taller de carpintería. Los años 1973 y 1974 vive en la comunidad de Macul; esta casa desde fines del 1973 sirve como campo de refugiados de las Naciones Unidas, siendo Jorge el interlocutor por parte de la Congregación con el Alto Comisionado de la ONU. En 1975 es trasladado a la comunidad de Bustos 2431, donde comienza a desempeñarse como Vicario Parroquial de La Anunciación.

El 23 de abril de 1979 asume como Párroco de La Anunciación, cargo que sirvió, con algunas pequeñas interrupciones, hasta marzo de 1997. Son años de mucha actividad apostólica, de modo especial en el acompañamiento espiritual de infinidad de personas. En 1997 es trasladado a la comunidad de calle Padre Damián, en las cercanías del Colegio de Manquehue. Allí continúa trabajando en la atención espiritual de personas, y prestando servicios sacerdotales en el Colegio. Son años de madurez, de serenidad, pero en los cuales su salud sufre diversos quebrantos que con claridad le van haciendo tomar conciencia del paso de los años.

En febrero de 2005 una grave crisis pulmonar condujo al diagnóstico de un cáncer linfático muy agresivo, que minó rápidamente su salud. Asumió la enfermedad con ple­na conciencia de su seriedad, pero al mismo tiempo con esa libertad de espíritu que da la fe vivida en hondura, como quien sabe que va camino a esa tierra prometida, regalo de Dios, que es nuestra plenitud (cf. Hebreos 11,14-16). El sábado 16 de abril, a las 12,15 hrs., mientras se encontraba internado en el Hospital Clínico de la UC, el Señor lo llamó a su presencia, dispensándolo de grandes dolores.

Jorge fue un hombre sin dobleces, transparente y honesto. Impresiona ver que a los tres meses de haber iniciado el noviciado, y a los 19 años de edad, su maestro de novicios lo describe así, a partir del formulario habitual en ese momento: «Talento: hombre de confianza, empeñoso, sentido práctico; muy distraído. Juicio: equilibrado, buen juicio práctico. Carácter: activo, abierto, sencillo, alegre, abnegado y servicial, afable. Salud: buena. Espíritu religioso: buena regularidad, vocación sólida, afán de corregirse, muy observante, respetuoso de la autoridad. Piedad: seria, sencilla, expansiva sin exageración.». Son rasgos que todos hemos podido ver el él hasta estos últimos años. Lo mismo que su espíritu vivo, alegre, sensible a la literatura y al arte; su permanente buen humor y su serenidad ante los problemas; su capacidad de comprender y apoyar a otros.

En todos los que hemos compartido de cerca con Jorge surge espontánea la acción de gracias por su vida. Vida de un hombre sencillo, trabajador, profundamente leal, cercano y honesto. Alguien marcado a fuego por su fe en Dios, la que en verdad fue el sentido profundo de todo su actuar.