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Historia en Chile

De lugar de paso a presencia permanente

El 13 de mayo de 1834 llegó a Valparaíso el grupo de hermanos ss.cc. que dará origen a la presencia de la congregación en Chile. Formado por tres padres franceses: el padre Crisóstomo Liausu, el padre Francisco de Asís Caret, el padre Honorato Laval; y el hermano catequista irlandés Columbano Murphy, este grupo iba de paso al Pacífico sur, donde la Congregación había recibido un nuevo territorio de misión, que junto a las Islas Hawaii, constituían ahora el Vicariato Apostólico de la Oceanía Oriental.

No era la primera vez que religiosos de la Congregación pisaban tierra chilena, pues ya en 1827 el padre Alejo Bachelot y otros cinco hermanos habían estado en Valparaíso camino a Honolulu. Esta vez, sin embargo, convencidos por el padre Andrés Caro, sacerdote franciscano que los acogía en su convento, los “padres franceses” decidirán la conveniencia de que uno de ellos se quede en el puerto, como un modo de tener un lugar de auxilio para la misión.

Es así como el 16 de julio de 1834 partieron a las Islas Gambier los padres Caret y Laval, permaneciendo en Valparaíso el p. Crisóstomo Liausu. Esta decisión significará, en definitiva, el establecimiento de la Congregación en el país, pues más tarde, el padre Rouchouze, obispo vicario apostólico para la Oceanía y comisionado por el fundador para discernir el asunto, confirmará la permanencia, dejando a un nuevo sacerdote junto al padre Crisóstomo. En carta al padre Coudrin, mons. Rouchouze escribe: “Me he convencido de que es más que difícil, por no decir imposible, sostener las misiones de la Oceanía si no tenemos un punto de apoyo en América para unirlas con Europa”.

En la decisión de fundar en Chile pesa, además, el trabajo apostólico desarrollado en pocos meses por el padre Liausu y peticiones de las autoridades civiles y religiosas en tal sentido. De manera especial, el Arzobispo de Santiago y Administrador Apostólico de Valparaíso, Mons. Manuel Vicuña, urgía a los padres para que abrieran un colegio en que se formara posibles vocaciones. Los mismos hermanos, por su parte, interesados desde sus orígenes en la formación de niños y jóvenes, veían también en el colegio un medio para acudir en ayuda de los misioneros de las islas.

El 31 de mayo de 1837, el Cabildo de Valparaíso autoriza al padre Crisóstomo para abrir una escuela, la que un mes más tarde comienza a funcionar con 25 alumnos, 3 religiosos profesores y salas de clases improvisadas en una casa recién comprada por la Congregación. Pocas semanas después, los mismos padres fundan una escuela gratuita.

En forma paralela a estos pasos, se preparaba la fundación de las hermanas de la Congregación, que llegaron al puerto el 1 de septiembre de 1838. A cargo de la madre Cleonisa Cormier, el grupo formado por 12 religiosas inicia el 20 de octubre la adoración perpetua y en pocas semanas están de lleno en la actividad apostólica a través de una escuela, un colegio de internas y en la Asociación Exterior de los SS.CC. En 1840 ya fundan en Santiago, abriendo una escuela gratuita.

Valparaíso, Copiapó, Santiago, Isla de Pascua, Perú…

Valparaíso no fue solo la sede del colegio y de la escuela, sino que a partir de ellos los padres de la Congregación realizaron una variada y fecunda acción pastoral. La capilla adjunta al Colegio -más tarde un templo más espacioso- es un importante lugar de formación espiritual y de atención sacramental. La parroquia La Matriz, a cargo de los hermanos entre 1850 y 1865, es otro lugar significativo. En 1874, es inagurado el actual templo de los SS.CC. de calle Independencia, que reemplaza al antiguo, lo que da todavía más relevancia a la acción de los hermanos.

Santiago y Copiapó, en ese entonces rica ciudad minera, son los destinos escogidos por los hermanos para las primeras fundaciones fuera de Valparaíso. En 1849 se fundan allí nuevos colegios. El desafío era llegar con el evangelio a los centros de decisión de la sociedad.

El colegio de Copiapó fue un fracaso y solo duró hasta 1859, pero los hermanos permanecieron todavía 10 años más en la ciudad, para mantener la escuela gratuita y el ministerio pastoral. El colegio de Santiago, en cambio, llegó a tener muy pronto un profundo influjo en la sociedad civil de Chile.

En 1863, el hermano Eugenio Eyraud parte hacia Isla de Pascua. Con ello la comunidad emprende una nueva aventura misionera. Después de una primera experiencia de misión y de regresar a Valparaíso, parte definitivamente a la isla en 1865, falleciendo allí el 19 de agosto de 1968.

La vitalidad de la comunidad se refleja, años más tarde, en la fundación del colegio de los SS.CC. de Lima, en 1893, el que actualmente funciona en el barrio de Monterrico. Las comunidades SS.CC. de Perú dependieron de Chile hasta 1947, año en que Perú pasó a ser provincia autónoma.

Llega el siglo XX

En los comienzos del siglo, destaca la fundación por parte del padre Mateo Crawley de un curso de leyes de los SS.CC., que había ya tenido un ensayo de fundación en 1894. En 1947 este curso quedó incorporado a la Universidad Católica de Valparaíso. También hubo un curso de leyes en Concepción, entre 1914 y 1924.

La fundación en Concepción data de 1911, cuando el obispo diocesano pide al padre Antonio Castro, Provincial, que la Congregación se haga cargo del Seminario Menor. Aceptada la nueva misión, pronto el seminario se transformó en el Colegio de los SS.CC., que funcionó por muchos años en la calle Rengo, y que en 1960 se trasladó a Talcahuano. La presencia en Concepción no se limitará al Colegio, sino que se expresará también en otros servicios a la Iglesia local y, años más tarde, en el servicio pastoral en barrios pobres.

No hay que olvidar, en los primeros años del siglo, la creación del Patronato de los SS.CC. de Valparaíso, en 1905, y del Patronato de Santiago, en 1907, que atienden escuelas gratuitas y otros servicios a los pobres.

En 1920, un incendio destruye casi íntegramente el Colegio de Santiago, el que fue reconstruido con la ayuda de ex-alumnos y de la Congregación. En 1921 se inaugura el Colegio de Viña del Mar y en 1949 el Colegio de los SS.CC. de Manquehue.

Aunque la existencia de Los Perales como propiedad de la Congregación remonta a 1851, y su utilización como casa de formación a 1890, es en esta primera mitad de siglo que se asienta en tal uso. En 1923 se traslada el Noviciado y en 1930 se instala permanentemente el Escolasticado. Allí funciona hasta 1965. Fue un centro de formación teológica, espiritual y litúgica muy significativo para la provincia y la iglesia.

Cambios de la mano del Concilio

La segunda mitad del siglo XX trae aires nuevos para la iglesia, que se cristalizarán en el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín.

Ya antes del concilio algunos padres se alejan de la tarea docente para dedicarse al trabajo en parroquias de sectores populares. Otros, permaneciendo en los colegios, toman responsabilidades cada vez más absorbentes en poblaciones. En las tres grandes ciudades en que está presente la Congregación se asumen en la década de los 60 la responsabilidad pastoral de parroquias: en la zona sur de Santiago; Santa Inés, Gómez Carreño; y Reñaca Alto en Viña del Mar; La Costanera, Gaete y Medio Camino en Talcahuano. Esto coincide con transformaciones en el estilo de vida comunitaria: de las grandes comunidades que vivían en los colegios, se pasará a vivir en comunidades pequeñas, varias de ellas insertas en barrios pobres.

En la década de los 70, la Congregación entrega la administración de los dos colegios de Santiago al arzobispado local y crea corporaciones educacionales bajo su dependencia, aunque administradas por laicos, para conducir los colegios de Valparaíso y Talcahuano. El colegio de Viña del Mar sigue directamente en áus manos, nombrándose un rector laico. La presencia de los hermanos en los colegios disminuye significativamente.

En estos años, por otra parte, varios hermanos dejan el ministerio sacerdotal. Entre 1965 y 1975, al menos 20 religiosos toman esta opción. Son tiempos de cambio, no sin confusión, donde se aclaran caminos y se viven profundas transformaciones.

También en la década de los 70, nacen los primeros Centros de Pastoral Juvenil (CPJ), dedicados a la formación de jóvenes de liceos no confesionales, y grupos de universitarios. Se asumen parroquias universitarias en Santiago y Concepción.

La formación inicial, después de un período de casi ausencia de vocaciones, inicia en 1975 un nuevo tiempo. Se crean tres etapas, en casas distintas situadas en Santiago, teniendo como eje la vida en común. Jóvenes provenientes principalmente de parroquias y centros de pastoral juvenil y universitaria ingresan a la Congregación. En 1984 el Noviciado se instala en Cerrillos, Curacaví, por donde han pasado la mayoría de las actuales generaciones no peralinas.

En los años 80

En 1985 se anexa a la provincia chilena la región Chile-Sur, hasta entonces dependiente de la la Provincia Alemana de la Congregación, y que se estableció en el país en 1936. Con ello, la Provincia Chilena adquiere un nuevo campo de misión, especificamente las parroquias de La Unión y Río Bueno, en la zona de Valdivia.

También en 1985, parten al Perú, a la Prelatura de Ayaviri, dos hermanos misioneros, que pronto serán tres. Este paso, aunque pequeño en número, es muy significativo, pues refleja un proceso de apertura a la realidad internacional de la Congregación que la provincia vive a contar de esos años. Este proceso se vivencia además en diversas colaboraciones a nivel de formación inicial y permanente y en el envío, a contar de 1995, de un hermano a la misión de Mozambique.

Afines de los 80 y principios de los 90, la Congregación inicia una nueva presencia en los colegios SS.CC. Aunque la conducción sigue en manos de educadores laicos, la provincia asume un papel más activo a nivel de orientaciones y se atiende con mayor fuerza el campo propiamente pastoral. En 1987 se retoma la atención pastoral del colegio Manquehue y en 1994 su entera responsabilidad. El Capítulo Provincial de 1994 decide la entrega definitiva del colegio SS.CC. de Alameda al Arzobispado de Santiago.