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Vivir la Misión ss.cc. como un Laico
Carta a un laico
Querido amigo:
Me preguntas qué puede significar para un laico vivir la misión de la Congregación.
Te respondo con las palabras que emplean nuestras Constituciones para definir esa misión : « contemplar, vivir y anunciar al mundo el amor de Dios encarnado en Jesús ».
En cuanto a « contemplar » ese Amor, te invito a mirar a tu alrededor, admirando la realidad, es decir, la Naturaleza, el mundo del hombre, el espíritu y su hondura. También mirando tus manos, tu actividad, el trabajo que te proporciona el pan, el trabajo que atraviesa la vida entera con su armonía y su dolor. Más todavía mirando tu hogar, tu esposa, tus hijos, tus seres queridos, en fin, tus amigos, la vida, el canto y el llanto, todo el torrente de vida que Dios te ha regalado, torrente que pasa por el Corazón de su Hijo y llega hasta tu vida individual, sumergida en Cristo por el bautismo.
Contemplando todo ello, podrás agradecer al Amor.
¿Cómo podrás « vivir » ese Amor manifestado en Jesús ?
Tomando junto con Jesús la cruz de cada día. Esa cruz con poca notoriedad como es la vida en tu taller o en tu oficina ; la pequeña cruz, caeptada con cariño, de la vida en familia con sus mil desafíos y asperezas, la cruz de las decisiones en situaciones ambiguas y del peso agobiante de los problemas económicos.
Se te llama a vivir ese Amor, descubriendo más allá del sufrimiento, el resplandor del Resucitado que aclara tu vida, le da luz, fuerza, esperanza y consuelo.
Se te llama a entrar en lo más interior de la Acción redentora de Jesús y de su Madre, por la lectura orante de la Palabra de Dios.
Al Cristo que cuelga de la Cruz, María le dirige una mirada profunda que viene de su Corazón de mujer y va hacia el Corazón traspasado. Jesús, desde su dolor, mira a su Madre con inmensa ternura. Tú estás allí, entre esas dos miradas, cuando la Cruz se te acerca.
¿Cómo « anunciar » ese Amor ?
Poniéndote al servicio de tus hermanos con total desinterés, ayudando a construir el paisaje de este mundo con el trabajo científico, técnico, educacional. Sobre todo reconstruyendo el tejido de las relaciones humanas, la paz, la fraternidad, la justicia, la tolerancia, la libertad.
Si vives alegremente la amistad con Jesús y con María, si saboreas interiormente sus palabras, si te dejas transformar por el Espíritu, tu trabajo exterior se convertirá en un anuncio del Amor de Dios.
Frente a este mundo que es un cuerpo desgarrado por el pecado, pecado que toma las formas de guerra, egoísmos, odios, abusos de los que tienen poder, hambre, injusticia, degradación moral, estás llamado a anunciar el Amor, poniendo a tu alrededor, las bienaventuranzas que provienen del Corazón de Jesucristo.
La Eucaristía, celebrada con gozo y esperanza con otros hermanos que tengan el mismo afán, hará brotar en ti « el dinamismo del Amor Salvador ». La Eucaristía, prolongada e interiorizada en adoración silenciosa ante el Tabernáculo, signo elocuente de que hemos sido amados hasta el extremo, te ayudará a estar « en comunión con Cristo, cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre », a « participar de la misión de Cristo resucitado que te envía a anunciar la Buena Noticia de la salvación » y « a participar en sus actitudes y sentimientos ante el Padre y ante el mundo » (citas de nuestras Constituciones).
El laico tiene como misión poner el Evangelio en el corazón del mundo. Te invito a vivir con mucho gozo esta vocación que te lleva a poner el Corazón de Jesucristo y el de su Madre en lo más central de la realidad humana.
Que tu vida evoque el silencio de María y las palabras de Jesús.
Cordialmente
Pablo Fontaine, año 2000
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