Oraciones a los Corazones de Jesús y María
Oración al corazón de Jesús
Pablo Fontaine ss.cc.
Señor Jesús,
en cuyo corazón está
la plenitud del amor,
enséñanos a llevar
un corazón redentor como el tuyo,
mostrando nuestro amor al Padre
en la humilde obediencia a su Voluntad,
mostrando nuestro amor a los hermanos
por la entrega de nuestra vida
a su servicio.
Corazón de Jesús, niño de Belén,
enséñanos a confiar en el Padre
con la sencillez de los niños.
Corazón de Jesús, obrero de Nazaret,
transforma nuestro quehacer cotidiano
en una continua oración reparadora.
Corazón de Jesús,
predicador de salvación,
pon en nuestros labios tu Buena Nueva
para llevar a los hombres
un mensaje de esperanza y de aliento.
Corazón de Jesús, varón de dolores,
haz que sepamos asumir
lo que nos corresponde
de tus sufrimientos
en favor de tu cuerpo que es la Iglesia.
Suba hoy la oración de esta comunidad
como el incienso en tu presencia:
vayan con ella
nuestras penas y alegrías,
nuestros proyectos,
anhelos y esperanzas.
Llevada por la mano de María
llegue pura y sencilla
esta oración hasta tu trono.
Ella nos dé su docilidad y abandono,
Ella nos haga reconocer
todo lo grande que nos has dado
y nos alegre en nuestra pequeñez
y pobreza.
Te pedimos que nos bendigas
según tu misericordia.
Y ya que «hemos creído en tu amor»,
haz que penetremos para siempre
en tu Corazón;
y reinaremos contigo
para gloria del Padre. Amén.
Oración para tener El corazón de María
Pablo Fontaine ss.cc.
Señor,
Tú has elegido a la Virgen María
como Madre del Redentor y madre nuestra.
Te rogamos
la hagas presente en nuestra vida:
que en su silencio, escuchemos tu Palabra;
que en su fe recibamos tu Evangelio;
que con su humildad reconozcamos tu poder,
que con su pobreza encontremos tu alegría.
Haz que por su pureza
podamos contemplar tu Rostro,
y en su sencillez
confiemos en tu misericordia.
Danos su fortaleza
para seguir a tu Hijo en la Cruz,
y su ayuda para vivir profundamente
el Misterio de tu Iglesia.
Te lo pedimos por Cristo,
nuestro Señor. Amén.
De tus Brazos Abiertos
Guillermo Rosas ss.cc.
De tus brazos abiertos,
de tu vida que ahora se apaga,
brotan, vivas, Jesús, sangre y agua,
que recrean lo muerto.
Esa sangre inocente,
que de Abel hasta ti clama al cielo,
y enrojece de muerte a los pueblos,
baja, viva y urgente.
Y esa agua fecunda,
que dio a luz por tu voz lo creado,
y en el río te llamó el Amado,
corre, clara y profunda.
En la tarde temprana,
recogida en silencio y tristeza,
grita y calla y espera la tierra
que germinen tus llagas.
¡Y clarea tu victoria!
Ya la sangre y el agua han regado
las semillas que habías sembrado
en la faz de la historia.
¡Oh, Jesús entregado,
Corazón de fronteras inmensas,
que tu Amor que alimenta y recrea,
haga nuevo lo creado!
Danos, Jesús, un Corazón
Guillermo Rosas ss.cc.
Danos, Jesús, un corazón
como el que fue mecido en el pesebre,
un corazón confiado en manos de otros,
un corazón de niño, un corazón alegre.
Señor, danos un corazón
como el de tu trabajo de artesano:
que haga del mundo una gran casa
donde vivamos todos como hermanos,
un corazón que labre vida nueva
en los surcos del tiempo sin descanso.
Danos, Jesús, un corazón
como el que predicó por los caminos,
un corazón que grite desde los tejados,
un corazón misionero y peregrino.
Señor, danos un corazón
que acoja a los pequeños y sufrientes,
que haga brotar la vida en cada rostro,
y a los pobres arranque de la muerte,
un corazón abierto, sin fronteras,
cercano y generoso, fiel y valiente.
Danos, Jesús, un corazón,
como el que fue mecido por María,
un corazón confiado hasta el extremo
en las manos del Padre de la Vida.
¿De dónde brota esa fuerza?
(Al Corazón de María)
Guillermo Rosas ss.cc.
¿De dónde brota esa fuerza,
ese sí valiente y generoso,
sin cálculo egoísta, sin doblez,
cuando Dios da vuelta, María, tus proyectos?
¿Y de dónde esa alegría,
en la pesebrera fría y mísera,
cuando te llega la hora
de dar a luz a la Luz, engendrada del Padre?
¿De dónde mana ese temple,
esa frágil fortaleza
que en la hora de la dura cruz
persevera en tu dolor sin nombre?
De tu Corazón, María Virgen,
de tu fuego sin reservas,
de tu fe de joven libre y pura.
De tu Corazón, María Esposa,
de tu sí sin condiciones,
de tu amor dispuesto a todo,
De tu Corazón, María Madre,
de tu fidelidad inconmovible,
de tu lámpara encendida.
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