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Un camino para la Vida.  Pablo Fontaine ss.cc.

Querido hermano:

Permítenos mostrarte un camino para tu vida. Muchos hombres y mujeres lo han seguido. Son personas, que como tú, sólo contaban con un gran anhelo, anhelo de vida profunda, de generosidad, de alegría completa, anhelo apasionado de conocer y seguir a Jesús.

1. Los Sagrados Corazones

Las personas de que te hablamos se esfuerzan por hacer que sus vidas estén dedicadas primeramente al Corazón de Jesucristo. Ellas dicen como San Pablo: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?" (Romanos 8), o como dice en otra parte de la Biblia: "Llorarán por aquel que traspasaron, como se siente la muerte de un hijo único" (Zacarías 12, 11).

Es decir, se han quedado contemplando, con los ojos de la fe y con su vida entera a este Señor crucificado por nosotros, a este Jesús que nació pobre en Nazaret, que anunció su mensaje de esperanza por campos y aldeas de Galilea, y que nos mostró su amor dando la vida por nosotros.

Tú sabes bien que cuando nos hacemos amigos de alguien, nuestro espíritu no se detiene sólo a considerar cómo ese amigo piensa o actúa, sino que penetramos hasta su interior, hasta el centro de su persona y fuente de su actuar, hasta lo que llamamos su "corazón", su entraña más íntima.


Así nos ocurre con Jesús. No nos contentamos con saber lo que dijo e hizo por nosotros. Contemplamos su corazón, su centro personal, la fuente oculta de donde brota su amor de hombre y de Dios.

Los que siguen este camino se consagran también al Corazón de María, la Madre de Jesús, y Madre de nuestras vidas según el Espíritu. Ella acompañó discretamente al Salvador en Belén y en Nazaret, en su predicación y en la hora de la cruz.

Está escrito que Ella meditaba en su corazón los hechos del Señor. Ahora silenciosa a tu lado quiere entregarte el fruto de esa meditación y te anima a seguir a Jesús.

Y porque este camino está centrado en el Corazón de Jesús, porque nos sentimos llamados a amar entrañablemente a Jesús y a la Virgen, nos interesan sobremanera los valores del “corazón”, nos interesan las personas, cada persona. Tenemos aguda conciencia del regalo único que significa cada persona humana que ama, que siente, que se entrega a los demás. Quisiéramos amar a Jesús, amarte a ti y amar a cada persona como se ama a un "hijo único”, mayormente si está “traspasado".

2. El Amor misericordioso de Dios

El Corazón de Jesucristo fue atravesado por la lanza y brotó sangre y agua. Así se expresaba que el interior de Cristo era un manantial de agua viva y también que, al derramar las últimas gotas de su sangre, te había amado hasta el extremo.

Este amor de Cristo es la imagen y la manifestación del Amor insondable de Dios por ti y por cada uno de nosotros.

Por eso nosotros 'hemos creído en el Amor que Dios nos tiene" (1 Juan 4), en ese Amor abismal en que Dios consiste.

De esta convicción vivimos. La certeza de ser amados y perdonados es fuente de paz y de libertad, es impulso para vivir y contagiar a otros la alegría. ¿No te parece que vale la pena vivir sólo para eso, para convencer a la gente que es querida por Dios, aceptada y perdonada?

El Crucificado con sus brazos abiertos parece decirte: “¿Qué más puedo hacer por ti para que creas en mi amor?".

Ese Amor de Dios ha sido rechazado miles de veces, pero la mayor ofensa es precisamente la falta de confianza, el no creer en la misericordia y dejarse invadir por la amargura o la tristeza.
Este camino es para creer en el Amor.

3. Adoración

Ya te hemos dicho algo del pecado y la falta de confianza, el desaliento. Pero sabes que el pecado toma miles de otras formas. El corazón humano es inagotable en su capacidad de concebir el mal, de ofender a Dios y dañarse a sí mismo.

Toda esta realidad de pecado, extendida a nuestro alrededor por el pecado de la sociedad e instalada en nuestro interior, es la causa del dolor de Cristo y continúa causando la Pasión de la Humanidad a través de toda la historia.

Conscientes de esa ofensa y de ese dolor, los seguidores de este camino se van a la Capilla, y allí, frente a Sacramento del Cuerpo de Cristo, se sumergen en adoración, como si quisiéramos compensar, junto a la Virgen en el Calvario, la ofensa hecha a Dios, mientras pedimos por los que sufren abandono, pobreza, injusticia y enfermedad.

Te invitamos a expresar la atención a la Persona de Jesús de que te hablábamos más arriba, permaneciendo silencioso junto al Sacramento de su Cuerpo ofrecido, haciendo tuyos los sentimientos de Cristo (Filipenses 2).

María sigue a tu lado ayudándote a amar, a adorar desde tu pequeñez la inmensidad del Misterio de Dios, mientras le muestras a Jesús la crucifixión de nuestra comunidad.

4. Fraternidad

Los invitamos a amar a los otros como tú mismo has sido amado. A amar con un corazón como el de Cristo, creando fraternidad a tu alrededor por tu acogida, tu cordialidad, tu bondad, tu respeto.

Al ver cómo se atenta contra el hombre, cómo se le destruye, debemos esforzarnos por reconstituir el tejido de la solidaridad humana, sobre todo sirviendo y defendiendo al más pobre y marginado.

Si vives junto a hermanos creyentes y si tienes una comunidad cristiana de referencia, celebra con ellos la Eucaristía, que significa Acción de Gracias por todo lo que Dios ha hecho por su pueblo, por lo que hizo a través de la Muerte y Resurrección de Cristo y por lo que sigue realizando cada día hasta que éste vuelva.

Sentados en torno a la mesa en que se ofrece Cristo, experimentamos más densamente el gozo de ser hermanos y tomamos fuerzas para luchar por un mundo de hermanos.

Experimentamos en la fe su presencia de Resucitado y nos animamos a seguirlo en su entrega.
Reconociendo al Señor al partir el pan, nos disponemos a reconocerlo también en el rostro de cada hombre, especialmente en el del pobre y nos decidimos a darle todo nuestro cariño y nuestra solidaridad.

Cristo y la Virgen nos entregan para eso el amor de sus Corazones.

En resumen, al contemplar el interior de Cristo y de su Madre, al conocer a través de ellos y su obra redentora, el Amor misericordioso de Dios, y al percibir con asombro, la realidad del pecado que ofende a Dios y destruye al hombre, adoramos al Dios de inmenso amor y nos ponemos con el Corazón de Cristo al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los pobres en quienes vemos más claramente la imagen del Crucificado.

P. Pablo Fontaine, SS.CC.