Carlos Celedón:“Ser familia con los que más sufren”

La reciente publicación de la exhortación apostólica del papa León XIV, titulada “Te he amado”, nos permite reflexionar acerca de cómo se concreta hoy en la congregación “el amor a los pobres”. Con Carlos Celedón Riquelme, actual presidente del Patronato de los Sagrados Corazones de Valparaíso comentamos este importante documento del magisterio social de la Iglesia.

Carlos es un laico de la familia Sagrados Corazones que siempre ha buscado la unión entre la obra social y la misión educativa en contexto de nuestro carisma. Actualmente, además, es rector (director) del Colegio de los SSCC  Valparaíso-Viña del Mar, y de profesión es profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica, con un Magíster en Gestión de Calidad de Centros Escolares.

Indica que el Patronato de los Sagrados Corazones de Valparaíso vive un tiempo de renovación a contracorriente. Porque mientras muchos hogares en el país cierran, el Patronato acaba de inaugurar una nueva residencia para niñas y consolidando un modelo de protección que pone en el centro la dignidad y la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes.

—¿Cuál es la realidad del Patronato hoy?

Sostenemos tres residencias de protección —para infancia femenina y masculina, y para madres adolescentes con sus hijos— además de dos jardines infantiles. Trabajamos en convenio con el Servicio Nacional de Protección, pero nuestra identidad nace del carisma SSCC: reproducir un hogar digno y bonito, donde el cuidado sea personal, familiar y esperanzador. Este proyecto tiene sus raíces en más de 120 años de historia y en la sensibilidad pastoral del padre de la congregación, Pelayo Domínguez, y hoy lo continuamos con equipos profesionales y una comunidad que apoya.

—La exhortación del papa León XIV afirma que los pobres no son un problema social, sino un “asunto familiar”. ¿Cómo les interpela esto?

—Va directo al corazón porque vivimos esa frase cada día: el niño o la niña que llega no es “un caso”, es parte de nuestra familia. Por eso, a quienes nos ayudan en sostener esta obra, les llamamos “nuevos buenos samaritanos”; es decir, no se trata de hacer una filantropía ocasional, sino de vivir la fraternidad que cura heridas, acompaña procesos y abre futuro. Esa mirada anima decisiones pequeñas —desde una bendición que esperanzó a las niñas de la nueva residencia— hasta opciones de fondo, como humanizar la política pública con estándares de cuidado que traten a cada persona por su nombre.

—¿Qué lugar ocupa la Congregación en este camino?

—Es esencial. Sin la Congregación perderíamos el alma. Necesitamos que los hermanos y las comunidades se acerquen más; cada encuentro reaviva la obra. Cuando nuestro hermano-sacerdote SSCC, Rodrigo Quiroz, el otro día bendijo la nueva casa, las niñas lo vivieron como un signo de Dios en medio de ellas… era impresionante ver sus caritas, mirarlas a los ojos. También la misión compartida con los laicos como pide “Dixeli te” se ha fortalecido. Por ejemplo, en la dirección ejecutiva del Patronato —hoy a cargo de José García, formado en colegio SSCC— muestra cómo nuestras obras escolares pueden formar profesionales con conciencia y fe encarnada.

—La exhortación “Dilexi te” valora la limosna como un gesto que permite una conversión personal, de modo que, al entrar en contacto con el pobre, nace un compromiso concreto para cambiar estructuras sociales de pecado que lo excluye. El Patronato ¿entiende así la beneficencia?

—Uuufffff he sido testigo de muchas historias que transforman. Cuando conoces realidades como la de madres de apenas once años, pasas de la incredulidad al compromiso. En el Patronato no entendemos la beneficencia como caridad pasiva, sino como encuentro que moviliza. Personas que donan mil pesos o voluntarios que acompañan a nuestros niños en un día de playa nos recuerdan que cada gesto cuenta. Buscamos sostenibilidad con iniciativas propias, como la Mesa del Padre Pelayo, y garantizamos el uso responsable de los aportes mediante un equipo pequeño, pero altamente comprometido.

—Mirando hacia adelante, ¿qué esperan del mundo Sagrados Corazones?

—Esperamos que la gente se acerque, que conozca y se involucre en esta obra. El amor del que habla la exhortación del Papa es crucial porque es amar a Jesús en ellos, eso nos motiva a trabajar para que más niños y niñas vivan en casas verdaderamente protectoras. Nuestro sueño es simple y exigente: ser familia con quienes más sufren y sostener, juntos, un hogar donde la esperanza sea cotidiana.