Corpus Christi 2025: Esteban Gumucio nos invita a contemplar el misterio del Cuerpo de Cristo

En el marco de esta  Solemnidad, compartimos un escrito del nuestro siervo de Dios,  que nos ayuda a meditar sobre la Redención y la Eucaristía, y nos anima a vivir una fe más unida al Señor.

En el escrito, Esteban nos recuerda que Jesús vino a unir a los hombres bajo la mirada de un solo Padre y a anunciar una vida nueva, y que, a pesar del rechazo y el sufrimiento, su Corazón obediente y lleno de amor abrazó la cruz para llevar a cabo la voluntad del Padre. Al celebrar la Eucaristía, no solo hacemos memoria agradecida de su entrega, sino que reconocemos su presencia viva, especialmente entre los pobres y los que más sufren.

El siervo de Dios nos propone un tiempo de oración y meditación a partir del Evangelio de San Juan 6, 28-71, invitándonos a preguntarnos: ¿Cómo vivo mis comuniones? ¿Me siento de verdad alimentado por el Pan de Vida? ¿Me esfuerzo por permanecer unido a Cristo?

Este escrito de Esteban Gumucio es una hermosa oportunidad para que, en este Corpus Christi 2025, renovemos nuestro compromiso de adoración, agradecimiento y servicio a los hermanos, animados por la fuerza que nos regala el Cuerpo de Cristo.

Te invitamos a leer el texto completo :

LA RENDENCIÓN Y LA EUCARISTÍA

Jesús vino a unir a los hombres bajo la mirada de un solo Padre y a anunciar una vida nueva.  Al ser rechazado por su pueblo, siguió adelante con su misión, sabiendo que lo llevaría a la muerte.  Pero su Corazón estaba disponible para hacer la Voluntad del Padre y tenía un gran amor por toda la Humanidad.

Durante los tres años de su vida pública fue atacado. Lo trataron de subversivo, de enemigo de su pueblo, de estar contra Dios y hasta de llevar mala vida.  No buscó la muerte, pero la aceptó como condición para salvar al género.

Su Padre esta muerte por amor y lo puso en alto resucitándolo.  Desde entonces Cristo vive una nueva forma de vida entre sus discípulos, es el Señor del Universo y nos invita a la felicidad plena de su Reino.  El conjunto de esa Muerte y Resurrección salvadora es lo que llamamos “Redención”.

La víspera de su muerte, Jesús nos dejó en la última cena el memorial de su pasión.  Al celebrar en cada Eucaristía, lo recordamos y le agradecemos la salvación.  Más aun, él sigue presente entre nosotros, aunque sólo es visto por la fe en el Sacramento de la Eucaristía.

En la Consagración nos gusta celebrar en cada eucaristía este amor del Corazón del Jesús por nosotros, especialmente por los más pobres y desamparados.  Además de la celebración, permanecemos cada día una media hora frente al Santísimo, para adorarlo, conversar con él, pedirle por nuestro pueblo más sufriente, por los pobres y enfermos, por la paz, porque muchos lo conozcan a él, etc.  De ahí salimos fortalecidos para servir a los hermanos.

Texto: leer el Evangelio de San Juan 6, 28-71

Meditar: ¿Cómo siento mis comuniones? ¿son de verdad en pan de vida?, ¿me parece que puedo vivir más unido a Cristo? ¿cómo?

Me pongo en el caso de los que dejaron a Jesús (vers. 66) ¿qué pienso?

Me pongo en el caso del mismo Jesús (vers. 67) ¿qué siento?

Me pongo en el caso de Pedro (Vers. 68) ¿qué siento?

Oración: Hacer silencio y calma en el interior.  Conversar agradecido con Jesús sobre su acto salvador y la Eucaristía que nos dejó.