Día de los Pueblos Originarios: la fe, la cultura y el llamado al respeto mutuo

Este 21 de junio Chile celebra el Día Nacional de los Pueblos Indígenas, fecha que nos conecta con el solsticio de invierno y el inicio de un nuevo ciclo de vida. Gabriel Horn sscc comparte su experiencia y su mirada sobre el encuentro entre la fe y las culturas ancestrales, invitándonos a no mirar esta celebración como algo ajeno a la Iglesia, sino como un camino complementario que nos llama al respeto y al encuentro.

“Cada uno lleva una cosmovisión, una forma de vida distinta, única, y yo diría no criticable, sino que simplemente somos hechos de muchas tierras, hechos de muchas raíces, y eso es valioso e importante”, reflexiona Gabriel Horn sscc, de la comunidad de Atacama, que acompaña la parroquia Espíritu Santo de Diego de Almagro.

El Día Nacional de los Pueblos Indígenas, instaurado por la ley 21.357 en 2021, coincide con el solsticio de invierno, el día más corto y la noche más larga del año. Este cambio de ciclo es celebrado por comunidades como los mapuche, con el We Tripantu, y los aymara, con el Machaq Mara, como un tiempo de renovación y comunión con la naturaleza.

¿Qué elementos de la cosmovisión andina o quechua siguen presentes en las prácticas religiosas actuales?

Gabriel destaca el sentido comunitario profundo que ha conocido en estas culturas: “Es una fiesta en que hay que calentar la tierra, hay que prender fuego en la tierra para que la noche no le gane al sol. Hay que ayudarle al sol para que vuelva a salir firme y fuerte. Entonces hacemos fuego, hacemos fiesta, bailamos, compartimos, subimos a la altura de un cerro para recibir el primer rayo de sol en la madrugada, este sol nuevo, el sol naciente”.

¿Qué valores de los pueblos originarios están presentes en el Evangelio y en el cristianismo?

El Evangelio está muy presente en esos valores que hacen crecer lo humano, ahí está la vida y ahí está lo que tenemos que apoyar. Si los llamamos de una u otra forma, no importa: tiene la dignidad del ser humano”, afirma. Y agrega: “Por ejemplo, no puede haber fiesta en un lugar cerrado. Hay que hacerla en un lugar abierto para que todos puedan participar. Eso es muy del Evangelio y muy de los pueblos originarios”.

La experiencia de Gabriel junto a los pueblos originarios: un aprendizaje de vida

Recuerda con gratitud y humildad lo que vivió durante sus más de 20 años de misión en Perú, acompañando a comunidades quechuas y aymaras: “Llegué como muy extranjero y después de 20 años sentí que tenía que aprender por lo menos unos 20 años más”.

Sobre su labor, relata: Estuve 20 años haciendo muchas cosas, organizando capillas, construyendo capillas, colegios, visitando enfermos y compartiendo el pan, muchas cosas. Muy preocupado de la salud de nuestros hermanos, consiguiendo medicinas, etc.”

Pero lo que más lo marcó fue lo que las personas valoraron al despedirse: “La gente me agradece no lo que hice, sino que me dice dos cosas: tuviste con nosotros cuando habían tiempos difíciles y no te fuiste; y lo segundo, siempre bailaste con nosotros en las fiestas. Como que eso era lo más importante”.

De esa experiencia se llevó un aprendizaje profundo: “Aprendí a respetar las culturas distintas, a respetar que pensamos distinto, que sentimos distinto, pero que buscamos todos juntos siempre la vida”.

Gabriel también nos invita a mirar lo femenino como parte esencial del encuentro de culturas: “Las figuras de la Virgen María nos ayudan mucho a esto: de compartir de lo materno, de sembrar vida y no sembrar muerte. De poner vida, poner humanidad”.

Y al hablar de la Iglesia, llama a la humildad y al diálogo: “Tenemos que aprender a respetarnos profundamente en nuestra religiosidad y como Iglesia estar sumamente con los ojos abiertos y humildes. Humildes caminando, no con la verdad adelante. Si no la tenemos, si tratamos de encontrarla”.

Una invitación a no mirar el Día de los Pueblos Originarios como una fecha ajena a la Iglesia, sino como un llamado complementario al respeto, al encuentro y a la construcción conjunta de caminos que siembren vida, humanidad y amor.