En la antesala de la segunda vuelta presidencial, nuestro hermano Atilio Pizarro sscc nos recuerda que la fe también ilumina nuestra vida pública. Una reflexión sencilla y profunda sobre cómo votar desde el Evangelio, con ternura, conciencia y sentido de país.
El voto como acto de caridad política: discernir desde los Sagrados Corazones
Este domingo 14 de diciembre tendremos la segunda vuelta para elegir a nuestro próximo gobernante, un momento importante para nuestra participación como cristianos y cristianas. Como comunidad animada por los Sagrados Corazones, creemos que votar es más que un trámite: es una forma concreta de buscar el bien común desde el corazón de Jesús, con una conciencia que se deja tocar por la realidad, con sensibilidad hacia los más vulnerables y con el deseo profundo de construir un país más humano y fraterno.
Nuestra participación no la ejercemos como una simple obligación o “deber cívico”, sino como un derecho que tenemos como ciudadanos: elegir a nuestras autoridades para construir un país más digno, en el respeto de los derechos humanos que toda persona posee.
Pero, entonces, ¿en qué consiste este derecho y cómo ejercerlo?
Cada persona tiene distintas razones para decidir su voto. La democracia nos garantiza este derecho que, cada cierto tiempo, retomamos como expresión de nuestra libertad y responsabilidad. Podemos votar por ideología, por afinidad, por el contexto del momento, etc.
Los cristianos no estamos ajenos a esta participación, porque somos parte de la vida social y política. También reflexionamos y discernimos, a la luz del Evangelio, qué es lo mejor para nuestra sociedad y nuestro país. El Evangelio es la línea conductora al momento de tomar una decisión clara y desde la conciencia.
No hay nada más político que la enseñanza de Jesús, porque transmite una manera de entender la vida y de cuidar a cada ser humano. Sin duda, hay prácticas poco evangélicas que se disfrazan de ética cristiana, y otras que pueden pasar desapercibidas; por eso el cristiano católico debe discernir con conciencia y oración qué es lo más fiel al Evangelio.
Jesús nos llama a compartir un mensaje que transforma y humaniza, aunque a veces vaya contra la corriente. Invita a quienes están cansados y agobiados a encontrar descanso en Él (Mt 11,30), promete vida en abundancia (Jn 10,10) y nos declara “felices” por la manera en que entendemos la vida y cuidamos del otro (Mt 5,3-12).
La participación política es necesaria porque nos une en la búsqueda del bien común para todas las personas, no solo para algunas. Esa caridad cristiana se expresa también en la apertura a todos (FT 190), de modo que cada persona se sienta partícipe, cuidada, amada y respetada. El Papa Francisco nos recuerda que:
“La política es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” (FT 180).
Por eso debemos discernir qué es lo mejor para Chile, con sus rostros concretos, su diversidad geográfica, su historia, su acogida y el respeto a los derechos de todos.
La política es un acto noble, porque confiamos nuestra representatividad a una persona que presenta un proyecto que busca la grandeza del país. En ella cohabitan tantas realidades, culturas y rostros. Al final, somos ciudadanos y ciudadanas que buscamos no solo intereses personales, sino un horizonte social más amplio y solidario.
Que esta elección nos encuentre con el corazón abierto y la conciencia despierta. Desde los Sagrados Corazones aprendemos a mirar la vida con ternura, a discernir con profundidad y a dejarnos tocar por la esperanza y el sufrimiento de nuestro pueblo.
Los invito a participar este domingo con serenidad, en paz y escuchando la propia conciencia. Que nuestro voto sea un acto de caridad política y un paso humilde hacia el país fraterno que soñamos construir.










