Domingo 12 de junio de 2016

“Tengo algo que decirte”

2 Sam 12,7-10.13; Gal 2,16.19-21; Lc 7,36-8,3

Por comunidad de peumos de Argentina 2016

Jesús tiene algo que decirnos a todos nosotros. El mensaje es claro, es eterno y a su vez es, día a día, un mensaje revolucionario. Él nos pide hoy, como al fariseo, que cambiemos la mirada. Nos invita a seguir su camino, el que se construye con la mirada del amor. Un amor que es perdón, reconciliación y también, es inclusión en esta mesa que es para todos, pero preferencialmente para aquellos que necesitan más de su amor.

El evangelio de hoy cuenta cuando Jesús es invitado a compartir en la mesa del fariseo hasta que es sorprendido con la llegada de una prostituta. Frente a esto, él hace un gesto de acogida, el cual sorprende aún más al hombre de ley, quien no entiende que en la mesa del Señor, la mesa del amor, estamos todos invitados a compartir. Como dice la canción “Salvador yo te canto” esta es: “una mesa gigante libre y para todos, como un solo pueblo”. La misma canción continúa con la invitación que nos hace Jesús en este evangelio: “No cerraremos las puertas a ningún hermano ni a nuestro futuro”. Hoy, el Señor nos invita a esto, a compartir la mesa entre todos; mujeres, hombres, niños, ancianos, personas de distintas condiciones sexuales, trabajadores, estudiantes, pobres, prostitutas, presos, etc. Todos tienen cabida en la mesa de este Dios lleno de amor y misericordia.

Por otra parte, el evangelio nos dice también, que son muchas las veces en que las personas nos ponemos a criticar al resto de la sociedad, por las heridas que esta misma posee, permitiéndonos caer en la falta de autocrítica, un fenómeno egoísta e incluso inconsecuente por parte de los cristianos, ya que cada uno es protagonista de su propia vida. Esto significa, que conocemos mejor que nadie cuáles son nuestras debilidades, faltas y pecados. Sin embargo, solemos criticar a los demás sin el amor y el aporte constructivo que la misma critica necesita. La crítica que nace de la propia preocupación por uno mismo, puede transformarse en un obstáculo para volver a ponernos de pie y seguir el camino junto a Jesús. Esta falta nos puede llevar a estar más equivocados que a quienes criticamos, por poner mayor énfasis en los pecados que en la ayuda que necesita. Esta es la actitud del fariseo, que prefiere criticar a la pecadora en vez de compartir y asumir su dolor.

El Señor nos invita a mirar al prójimo con otros ojos. Juzgar a una persona mirándola en menos es una acción propia del resentimiento, esto no nos permite ver al otro con amor. Jesús hoy nos invita a estar dispuestos a perdonar y aceptar en nuestras casas, no solamente al prójimo más necesitado sino que a cualquier hermano que nos haya hecho algo malo o con el cual simplemente nos cuesta más compartir. También acoger al despreciado y poco querido sin olvidarnos que todos, sin excepción, estamos invitados a una mesa común.

Finalmente Jesús parte y recorre ciudad por ciudad junto a sus discípulos anunciando la buena noticia, acompañado por las mujeres y la gente que lo seguía. Él no quiere dejar fuera a nadie, ya que la buena noticia no es solo para nuestro grupo más cercano y reducido sino para todos, y Jesús nos invita a que seamos itinerantes. Nuestra misión es comunicar este amor tan grande e infinito y trasladarlo a cada ámbito de nuestra vida. Para esto es necesario salir de nuestras quietudes y es necesario no mantenernos estáticos. Hay que salir a andar, y andar junto a nuestros hermanos. Esto es lo que nos está enseñando la vida en comunidad, la construcción del Reino no es cosa de uno solo sino de todos.