El Consejero General Stephen Banjare visita nuestra provincia con un llamado a vivir el Evangelio con sencillez.

Con una agenda cargada de encuentros fraternos y discernimiento pastoral, este hermano SSCC de origen indio está recorriendo durante el mes de enero nuestras comunidades, acompañando su quehacer cotidiano y fortaleciendo los lazos de comunión.

“Estoy tan inspirado, tan tocado por lo que he visto. Y espero que las comunidades que viven alrededor de ellos también estén inspiradas y tocadas por su vida profética. Creo que es una fortaleza poderosa”, expresa Stephen Banjare, consejero general SSCC que por estos días visita la Provincia Chile-Argentina. Ya ha recorrido Diego de Almagro, Valparaíso, Santiago y Concepción, y en los próximos días visitará la comunidad de Libertad, en Argentina.

Stephen llegó a nuestro país para acompañar procesos de discernimiento y fortalecer la vida misionera de las comunidades. Su presencia busca animar la comunión entre los hermanos y renovar el compromiso evangelizador desde la sencillez y el encuentro.

Durante su recorrido, destacó el profundo sentido pastoral de estos encuentros y el valor de acercarse al idioma y la cultura como una forma concreta de acompañar: “Realmente estoy tratando de aprender español, de dar lo mejor para escuchar a los hermanos con cuidado, con atención, y aprender algunas palabras. El objetivo es que seamos capaces de comunicarnos”.

Este gesto, explicó, forma parte esencial de su servicio como miembro del Gobierno General, llamado a conocer, escuchar y caminar junto a las comunidades de la Congregación.

 

Una vida sencilla y profética

Consultado sobre sus impresiones tras visitar las comunidades, compartió con entusiasmo el testimonio de vida que ha encontrado:
“En mi pequeña experiencia visitando las diferentes comunidades, la vida de los hermanos está marcada por la simplicidad. Como decimos, ‘vida simple y pensamiento alto’. Y creo que esto es muy cierto en nuestros hermanos”.

Esta forma de vivir —afirmó— es profundamente profética, ya que nace del vínculo real con las personas, más allá de estructuras o comodidades:
“Nuestros hermanos pueden vivir totalmente integrados con la comunidad. No es como tener un edificio y vivir una vida cómoda. La imagen que me viene a la mente es la de la primera comunidad cristiana, en la que los Apóstoles vivieron juntos, compartieron sus lágrimas, alegrías, desafíos, esperanzas y sueños”.

Desafíos y misión compartida

En un contexto global exigente, el religioso reconoce que la Congregación atraviesa desafíos significativos:
“Definitivamente tenemos nuestros propios desafíos. Estamos reducidos en número. Incluso si queremos tener una misión en otro lugar, no siempre podemos, porque debemos considerar nuestras limitaciones”.

Sin embargo, dejó en claro que esas dificultades no detienen el dinamismo de la misión.
“Eso no nos restringe a hacer la misión de Dios, porque creemos profundamente que la Congregación es el trabajo de Dios”.

Sostuvo que el impulso misionero no depende de los recursos, sino de la fidelidad y de la creatividad con la que se encarna el carisma en cada realidad.

En ese espíritu, comentó que el Gobierno General está impulsando con fuerza una mayor interdependencia entre provincias, donde lo que una comunidad tiene se ofrece para sostener a otra:  “En estos días hemos estado hablando mucho sobre el compartir personal, el compartir los recursos con que se cuenta, de una Provincia a otra, donde haya necesidad. No solo para mantener la misión, sino para ser un testigo poderoso donde sea que estemos presentes”.

Para Banjare, la misión hoy requiere moverse con agilidad y solidaridad, abrazando lo pequeño y lo esencial. Así, cada comunidad, aunque sea frágil o limitada, puede ser signo de esperanza: “Expandir, distribuir las buenas noticias de Dios es nuestra esperanza. Y cada vez más nos dirigimos hacia esa interdependencia”.

 

Jóvenes y sinodalidad

Uno de los llamados que emergió del último Capítulo General es el de volver la mirada hacia los jóvenes. Stephen Banjare lo plantea con honestidad y esperanza:
“Algo tiene que cambiar. Y enfocándonos en particular en los jóvenes y los adultos jóvenes, que de alguna manera, en la Iglesia, no diría que están totalmente ignorados o rechazados, pero sí… hay que hacer algo profundamente por ellos”.

 

Para él, este vínculo no debe ser solo pastoral, sino también transformador:
“Ellos, en retribución, nos dan mucho y nos ofrecen mucho”.

Reconoce así que el encuentro intergeneracional es una oportunidad de crecimiento mutuo: caminar junto a los jóvenes no solo para evangelizar, sino también para dejarnos evangelizar por su presencia y sus búsquedas.

En ese mismo espíritu de comunión, destacó que la sinodalidad es hoy una clave esencial en la vida de la Congregación:  “Hablamos mucho de la sinodalidad, y estamos profundamente en eso, porque cualquier discernimiento que ocurra, incluso en el nivel general, lo hacemos juntos. Compartimos nuestros pensamientos, nuestras ideas, hablamos, y luego llegamos a alguna conclusión”.

Este estilo de toma de decisiones se vive también en lo cotidiano, tanto en las comunidades locales como en la misión:  “No es solo entre los miembros de la Congregación, sino también incluyendo a los laicos en el discernimiento y en las decisiones. Ya sea en la parroquia, en la escuela o en cualquier otra institución, tratamos de ser más inclusivos”.

Una voz de esperanza
En un mundo herido por la incertidumbre, la polarización y diversas formas de violencia, el miembro del Gobierno General insistió en que el carisma de la Congregación conserva hoy toda su vigencia. Recordó que su origen se remonta a tiempos convulsionados:
“Nuestra Congregación, de hecho, comenzó en medio de la violencia, durante la Revolución Francesa, y nuestros fundadores vivieron muy bien el carisma del amor”.

Para él, esto no es solo un dato histórico, sino una invitación concreta a vivir el Evangelio con compasión: “En el escenario de hoy, donde la gente ha perdido el sentido del amor, donde prima la individualidad y el egoísmo, vivir el amor de Dios de manera profunda, de manera profética, da mucha esperanza a las nuevas generaciones. Nuestro mundo necesita gestos sencillos, presencias que no abandonen, comunidades que abracen”.

Desde esa perspectiva, cada comunidad religiosa, por pequeña que sea, puede convertirse en un signo luminoso:“ Donde hay vida entregada, hay Evangelio. Y donde se vive el Evangelio con amor, hay esperanza”.

Un sueño para la Provincia Chile-Argentina

Al compartir su visión de futuro para la Congregación, Stephen Banjare expresó un deseo profundo:“Sueño con una Congregación que pueda concretamente expresar el amor de Dios donde quiera que estemos. Traer el amor, traer la esperanza a la gente, especialmente a los que la han perdido, ir a las periferias, salir al encuentro, cruzar las fronteras”.

Este sueño —señaló— no es solo institucional o estratégico, sino profundamente espiritual:
Tal vez podamos inspirar nuevas vocaciones también, quienes pueden ser parte de esta misión, cumplir el sueño de nuestros fundadores de ir a todo el mundo y proclamar la buena noticia de la esperanza”.

Finalmente, dejó un mensaje lleno de ánimo para la Provincia Chile-Argentina, convencido de que la vida concreta de los hermanos es ya una predicación silenciosa y elocuente:
“Es el mensaje del amor: vivir el amor de Dios y proclamar el amor de Dios a nuestro mundo. Y especialmente en la Provincia, mientras nuestros hermanos ya están haciendo eso de forma concreta, que sigan adelante, que lo continúen”.

Durante esta etapa inicial del año, su visita ha significado un impulso fraterno, misionero y vocacional para nuestra provincia. Tras su recorrido por las comunidades en Chile, partirá rumbo a Buenos Aires para luego regresar a Santiago y participar en la Asamblea de Verano de los hermanos. Finalmente, se sumará a las Misiones de Verano que está organizando nuestra provincia en Cañete, entre el 26 y el 31 de enero, llevando consigo las historias, los rostros y las esperanzas que ha encontrado y que seguirá encontrando en este camino compartido.