
El Reporte Anual 2024 de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores es un documento que interpela a toda la Iglesia. Para nosotros, como Congregación de los Sagrados Corazones, su lectura valida los pasos dados en nuestro propio camino de reparación y, al mismo tiempo, nos ilumina sobre los desafíos que persisten y que están en construcción.
Este segundo informe de la Comisión, entregado el 16 de octubre de 2025 y enmarcado en el lema “Justicia y conversión”, se presenta no como un mero recuento, sino como “un instrumento vivo de conversión compartida”, en palabras del propio documento. Su objetivo es propiciar una peregrinación que involucra a toda la comunidad eclesial, sirviendo a la vez de “brújula y bitácora en la peregrinación global de la Iglesia hacia su camino de responsabilidad”.
El documento publicado por la Comisión Pontificia presenta un vademécum con indicaciones para la «escucha informada» y para el apoyo económico, psicológico y espiritual a las víctimas. Destaca la necesidad de una comunicación más transparente, la asunción pública de responsabilidades por parte de la Iglesia, y la agilización de los mecanismos de denuncia.
En síntesis, el documento del Vaticano reclama a las Iglesias locales crear centros de escucha, ofrecer disculpas públicas y fundamenta su recomendación al Papa León XIV de establecer un protocolo para la dimisión o destitución de obispos encubridores de abuso.
Como en el caso del 1er Informe Anual, Vatican News (medio oficial de la Santa Sede) informa que el estudio también se ha elaborado mediante la consulta al Grupo de Escucha de Víctimas y Supervivientes y al Grupo de Enfoque del Informe Anual de la Comisión. Compuesto de forma voluntaria, fue seleccionado con criterios de diversidad en cuanto a edad, sexo y origen étnico, incluyendo cuatro regiones mundiales. Además de estos datos, se recogieron encuestas de organizaciones no eclesiásticas. Entre las cuestiones críticas que surgieron estaban la «necesidad de una Iglesia que escuche más» y la «falta de estructuras de clarificación y de información y denuncia».

León XIV saluda al presidente de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, el arzobispo francés Thibault Verny. (Foto Vatican News)
Un camino hacia la reparación integral
El reporte es enfático: la reparación va mucho «más allá de la función limitada y a menudo insuficiente de la compensación económica». Para guiar a la Iglesia, la Comisión propone un vademécum operativo que aborda la sanación desde seis áreas interconectadas:
- Acoger, escuchar y cuidar: Crear espacios seguros para que las víctimas compartan sus experiencias.
- Comunicaciones: Publicar disculpas públicas y privadas que reconozcan el daño y asuman la responsabilidad.
- Apoyo espiritual y psicoterapéutico: Garantizar el acceso a acompañamiento profesional a largo plazo.
- Apoyo económico: Proporcionar asistencia para cubrir los costos médicos y psicológicos derivados del abuso.
- Reformas institucionales y disciplinarias: Fortalecer las prácticas de salvaguardia con sanciones significativas para los perpetradores.
- Iniciativas de salvaguardia en la comunidad eclesial: Implementar programas de sensibilización para favorecer una sanación colectiva.
Además, el informe subraya la importancia de un protocolo simplificado para la dimisión o destitución de los líderes o del personal de la Iglesia en casos de abuso o negligencia. En este punto, la Comisión es clara y, sin eufemismos, enfatiza la necesidad de comunicar públicamente las razones de esas decisiones cuando estén relacionadas con el abuso o la negligencia, siempre manteniendo la debida atención a la privacidad y a la presunción de inocencia.
Este planteamiento —señalado por el arzobispo Thibault Verny, presidente de la Comisión durante la presentación oficial del documento— expresa el compromiso con una mayor transparencia institucional, en línea con el objetivo de fortalecer la confianza y la rendición de cuentas dentro de la Iglesia.
América Latina: luces y sombras
A nivel regional, el diagnóstico es ambivalente. El informe señala que «una parte importante de América Central y del Sur, África y Asia aún carecen de recursos adecuados y dedicados al acompañamiento de las víctimas/sobrevivientes», pero también destaca prácticas inspiradoras en diversas regiones, recordando que la reparación puede florecer incluso en contextos de precariedad institucional.
Entre las prácticas inspiradoras, el informe destaca los informes anuales de acompañamiento (EE. UU.), las experiencias comunitarias de sanación (Tonga), la revisión de directrices en Kenia, Malawi y Ghana, y el informe de verdad de la diócesis italiana de Bolzano-Bresanona.
También destaca la creación de una Comisión Central Independiente del movimiento de los Focolares, dedicada al tratamiento de los casos de abuso; una política de comunicación sobre el abuso sexual de niños y adultos vulnerables; y directrices sobre el apoyo y la reparación económica”.
Nuestro camino
En este contexto, el camino de reparación de los SSCC aparece alineado con esas directrices globales, sin que el informe haga referencia a Chile. Así, la creación de protocolos, un mecanismo de escucha, la formación preventiva en todas nuestras instancias, la incorporación de laicos en los procesos y la creación de una normativa ética, son avances concretos que están en coherencia con el documento vaticano.
Pero el camino continúa, pues, como exige el Informe a toda la Iglesia, hay que avanzar especialmente en la profundización del acompañamiento y la transparencia.
Del carisma a la estructura: reparar el corazón herido
La Comisión fundamenta teológicamente la reparación en una «espiritualidad de reparación». Citando al Papa Francisco, recuerda que “lo que se ha roto no debe quedar en pedazos” y afirma con claridad que «la reparación a las víctimas/sobrevivientes es también una forma de reparación a Cristo». Esta visión sitúa la reparación en el corazón de la vida comunitaria, donde cada gesto de verdad y justicia se convierte en oración reparadora
Además, el Reporte reconoce que, a pesar de los avances, persisten resistencias y opacidades. En agudo contraste, destaca la fortaleza de quienes han sufrido el abuso. Afirma que las víctimas/sobrevivientes no están indefensas, pues la propia palabra «sobrevivientes» manifiesta su capacidad de «resiliencia, de actuación, valentía, sanación, una profunda espiritualidad y lucha por su causa».
El camino de la Iglesia exige «una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces». Esto significa transformar la reparación en una cultura permanente y citando nuevamente al Papa Francisco, el Reporte concluye con una nota de realismo y esperanza, recordándonos que la intención de reparar «es esencial para el proceso de reconciliación y el retorno de la paz al corazón» y que, aun cuando la reparación plena de lo perdido parezca humanamente inalcanzable, el compromiso de seguir reparando es ya signo de reconciliación. /APN










