San Agustín : buscador de la verdad y protector de la Congregación

Este 28 de agosto celebramos la memoria de San Agustín, obispo y Padre de la Iglesia, cuya vida apasionada por la verdad y la comunión inspiró al Fundador de la Congregación de los Sagrados Corazones a proponerlo como uno de nuestros protectores. En este año, nos hemos propuesto dar a conocer a quienes acompañan y sostienen nuestro camino espiritual.

San Agustín nació en Tagaste, Numidia, una provincia del Imperio romano. Generalmente se reconoce que Agustín y su familia eran bereberes, grupo étnico indígena, aunque fuertemente romanizados. Su padre era un pequeño propietario pagano y su madre, Santa Mónica, fue una mujer abnegada, siempre preocupada por el bienestar espiritual de su familia, aun en las circunstancias más adversas. Ella transmitió a su hijo los principios básicos de la fe cristiana.

Durante su juventud se dedicó a los estudios literarios, de gramática y retórica, llevando una vida alejada de los valores cristianos, lo que causó gran dolor a su madre. Hacia los 20 años se unió por 14 años a una mujer, de cuya unión nació su hijo Adeodato. En su búsqueda incansable de la verdad, Agustín pasó por varias corrientes filosóficas y religiosas, sin encontrar respuestas satisfactorias. Finalmente abrazó el maniqueísmo, pero pronto quedó insatisfecho,  describe nuestro hermano Eduardo Pérez-Cotapos sscc, en una reseña realizado sobre los protectores de nuestra congregación.

En 383 partió a Roma motivado por intereses intelectuales y por el deseo de nuevos horizontes, ya que los estudiantes romanos tenían fama de mejor preparación. Poco después viajó a Milán como maestro de oratoria. Allí comenzó a asistir a las homilías de San Ambrosio, obispo de Milán, cuya predicación y testimonio lo impactaron profundamente. En 385, Agustín se convirtió al cristianismo y, el 24 de abril de 387, a los 33 años, fue bautizado en Milán por el propio Ambrosio. Ya bautizado, regresó a África.

En Tagaste, Agustín vendió todos sus bienes y los repartió entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir una experiencia monástica, que inspiraría su célebre Regla. En 391 viajó a Hipona para buscar candidatos a la vida monástica, pero la comunidad lo eligió sacerdote. Más tarde, en 395, fue consagrado obispo y transformó la casa episcopal en un monasterio de clérigos.

Agustín desarrolló una intensa labor pastoral y dejó un legado inmenso: sus homilías, comentando la Sagrada Escritura; sus Confesiones, testimonio vivo de su conversión y búsqueda de Dios; y su Regla monástica, orientada a una vida comunitaria sacerdotal, que influyó poderosamente en la vida religiosa de Occidente.

Después de un fecundo ministerio, murió en Hipona el 28 de agosto del año 430, mientras la ciudad era sitiada por los vándalos.

San Agustín fue un hombre de profunda experiencia mística, apasionado por la verdad y la comunión. Su modelo de vida comunitaria y sacerdotal llevó al Fundador de la Congregación de los Sagrados Corazones a proponerlo como protector, ejemplo luminoso para quienes buscan seguir a Cristo en comunidad y servicio.