Cada 11 de julio, la Congregación de los Sagrados Corazones celebra a San Benito, abad de Montecassino, cuya Regla inspiró profundamente la vida comunitaria y espiritual de nuestros primeros hermanos y hermanas. Su equilibrio entre oración y trabajo sigue siendo una fuente de sabiduría para nuestra vida consagrada, compartimos una reseña, realizada por nuestro hermano Eduardo Pérez-Cotapos.
“Vivimos en comunidad y prácticas regulares bajo la obediencia del Superior General… La Regla de San Benito sirve de fundamento a nuestra Regla”. Así lo afirmaban las primeras Constituciones de la Congregación de los Sagrados Corazones, aprobadas en 1826, reconociendo en la espiritualidad benedictina una fuente viva para el caminar comunitario.
Cada 11 de julio, conmemoramos la fiesta de San Benito, abad, considerado patrono secundario de nuestra Congregación y padre de nuestra Regla. Aunque la historia eclesial le ha atribuido títulos como “patriarca del monacato occidental”, su verdadero legado está en la sabiduría práctica y espiritual contenida en su Regla, escrita en el monasterio de Montecassino hacia el año 530.
Benito de Nursia nació alrededor del año 480 en una familia noble romana. Enviado a Roma para estudiar, abandonó pronto la ciudad y los estudios, decepcionado del ambiente decadente. Optó por una vida de soledad y búsqueda interior en Subiaco, donde se formó como ermitaño y comenzó a atraer discípulos.
Intentó reformar algunos monasterios existentes, sin éxito. Fue en Montecassino, cerca de Nápoles, donde fundó una nueva comunidad y redactó su famosa “Regula monachorum”, una propuesta de vida monástica basada en la estabilidad, la vida comunitaria, la obediencia y un equilibrio admirable entre la oración y el trabajo: el “Ora et Labora”.
Su Regla evitaba los excesos: ni demasiado rigor, ni una vida individualista. Como él mismo escribe en el prólogo: “No establecemos nada áspero ni penoso. Cuando progresamos en la vida monástica y en la fe, se dilata nuestro corazón y corremos con inefable dulzura de caridad por el camino de los mandamientos de Dios”.
Esta visión de vida comunitaria, donde se armonizan los tiempos de oración, estudio, servicio y fraternidad, influyó poderosamente en la espiritualidad de nuestra Congregación. Aunque no celebramos a San Benito por su figura individual, sí lo reconocemos como fuente y raíz de una forma de vivir el Evangelio en comunidad, inspirada en su equilibrio y humanidad.
Tradicionalmente se lo representa con el libro de la Regla, una copa rota y un cuervo con pan en el pico, símbolos de su lucha contra el mal y su fidelidad a Dios.
Hoy, en su fiesta, renovamos nuestro compromiso con ese espíritu: orante, fraterno y en comunión con los signos de los tiempos.










