San Bernardo de Claraval: predicador y protector de la Congregación

La Iglesia celebra el 20 de agosto a San Bernardo Abad, figura clave del siglo XII y protector de la Congregación de los Sagrados Corazones. Monje cisterciense, predicador y organizador, su vida unió contemplación profunda con gran influencia en la Iglesia y en Europa.

Bernardo de Claraval (1090–1153) fue un monje cisterciense francés y abad de la abadía de Clairvaux. Bajo su liderazgo, la Orden del Císter se expandió por Europa y se convirtió en un referente espiritual y religioso. Su influencia trascendió los muros del monasterio: participó en las principales controversias doctrinales de su época, predicó la Segunda Cruzada y se implicó en los asuntos más relevantes de la Iglesia, comenta nuestro hermano Eduardo Pérez-Cotapos sscc, en una memoria sobre este protector.

A los 23 años, en 1113, ingresó como novicio en el Císter acompañado de sus hermanos, familiares y amigos —hasta treinta personas, según algunos relatos—. Poco después, en 1115, fundó la abadía de Clairvaux, de la que fue abad hasta su muerte. Durante su vida impulsó la creación de 68 monasterios en distintos países de Europa, llevando la espiritualidad cisterciense a Alemania, Inglaterra y España.

San Bernardo fue un místico y uno de los fundadores de la mística medieval. Su profunda devoción mariana lo llevó a afirmar la célebre frase latina: «De Maria nunquam satis» (“de María nunca diremos lo suficiente”). Además, su elocuencia como predicador le valió el título de Doctor melifluo (“boca de miel”), por la dulzura y profundidad de sus palabras.

Aunque su papel en la Segunda Cruzada marcó un momento difícil de su vida, su legado espiritual permanece vivo: un hombre que unió contemplación, predicación y servicio activo en medio de la Iglesia y del mundo. Por estas razones, el Fundador de la Congregación lo propuso como Protector de los Sagrados Corazones, reconociendo en él un modelo de vida monástica, amor a la Virgen María y compromiso apostólico.