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¡Alabada seas, hermana muerte!

Por René Cabezón Yáñez ss.cc.
Superior Provincial

En la tarde del domingo 29 recién pasado, por  la cercanía de las festividades de Todos los santos y difuntos, celebramos una sencilla liturgia en el nuevo Cementerio Católico de la Santísima Trinidad porque a partir del miércoles 4 de octubre, los restos mortales de más de 60 hermanos religiosos de nuestra congregación descansan en ese lugar. Cuarenta y tres cuerpos fueron reducidos en oseras y 18 hermanos fallecidos recientemente trasladados en nuevos ataúdes.

El proceso de exhumación y traslado fue una experiencia muy significativa, aunque a ratos impactante y dura, porque en esos restos mortales -ya casi irreconocibles- estaban los cuerpos de seres muy queridos y de gran valor para la provincia chilena.

Quedaron los restos de hermanos muy antiguos, que datan desde 1864 en tres nichos dedicados a la osera.

Los 18 hermanos más recientes enterrados en el mausoleo de la congregación en Santiago, que se acaba de trasladar son: Ronaldo Muñoz, Mario Illanes, Mario Silva, Jorge Prieto, Ignacio Sánchez, Raúl Cohen, Miguel Macaya, Enrique Breidbach, Tomás Campos, Diego Silva, Juan Vicente González, Alfonso Montalva, Ramón Cuevas, Osvaldo Lira, Eugenio León, Horacio Spencer, Mario Sandoval, y monseñor Teodoro Eugenín.

Teniendo presente a San Francisco de Asís, no queda otra cosa que alabar a toda creatura. Incluso por duro que parezca, y mirando a los hermanos que trabajan en estos campos santos, podemos llegar a decir: “alabada seas hermana muerte”, pero solo muerte corporal. Ante esta realidad de la inexorable muerte de los otros y de la próxima mía y de cada uno, no cabe otra exclamación, que reconocerla como nuestra hermana.

Que la esperanza que nos dejó Jesús resucitado siga iluminando el momento actual de nuestra existencia para vivirla con calidad, entrega, conciencia de creaturas, y, por ende, de humildad ante tanta soberbia y pequeñez que se apodera de nuestro modo de ser y actuar, en la vida consagrada como laical. Una tarea como la exhumación de los restos de nuestros hermanos es un remezón a esta actitud y un llamado a la conversión continua. Oremos por estos hermanos ss.cc. que un día dijeron que profesaban en la congregación donde “queremos vivir y morir”. Y así lo hicieron.

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